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A Bariloche le hace falta un cambio copernicano

San Carlos de Bariloche fue un pueblo y es hoy una ciudad, social, política y empresarialmente compleja a la que su clase dirigente no le encuentra aún su destino y como transitarlo. En los últimos 20 años, que es cuando transitó de ser un pueblo grande a una ciudad, solo fue administrada. Con sus más y sus menos solo fue administrada. Como si fuera un Consorcio y no un cuerpo vivo de una ciudad en crecimiento.
Cada sector social, político y económico empresarial ve a esta ciudad con una visión de túnel que se agota en sus propias percepciones sectoriales y se siente ajena de la complejidad y necesidad que implica pensarse más allá del paisaje.

Estamos sobrediagnosticados. Todos conocemos que se necesita una Planificación de Desarrollo Estratégico, pero vivimos en el enunciado. Creamos Secretarías de Planeamiento, damos cursos y generamos discusiones pero, a la hora de ejecutar, naufragamos como un barco sin rumbo, atrapados en esa visión de túnel y sectorial que señalé en el primer párrafo

Bariloche es la principal ciudad turística internacional de la zona Andino-Patagónica. Sin embargo, a raíz de un cúmulo de problemas no resueltos, históricos y actuales, su oferta turística se halla muy por debajo de sus posibilidades potenciales. Es como si la inmutabilidad del paisaje hubiese paralizado la inteligencia para desarrollarlo y optimizarlo. Entre esos problemas encontramos la falta de conciencia de su clase dirigente cuya mirada, salvo honrosas excepciones, ha sido más compatible con una concepción aldeana y provinciana de la ciudad, que global.  

Hace falta un cambio copernicano para hacerla viable y para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Y la herramienta necesaria para ello, y factor clave para el éxito de Bariloche y la Región Andino Patagónica, es un plan estratégico abarcador  de los ámbitos nacional, provincial y local, por su esfera de influencia y aplicación,  con oportunas políticas de estado y recursos combinados en las tres áreas.   

El recurso turístico es el más sustentable y también generador de importantes sinergias en materia social y cultural. Desde el punto de vista económico es generador de divisas y, por tanto, de riqueza nacional. En paralelo y simultáneo es indispensable el esfuerzo provincial y nacional para incrementar en el muy corto plazo la oferta energética. Pretender desarrollo sin energía es como pretender que un cuerpo crezca sin agua ni comida.

La Organización Mundial de Turismo estima que en 2020 el número de viajeros globales estará en el orden de los 1.600 millones de turistas (el doble que en 2009). En ese escenario, las perspectivas del sector en nuestro país son extraordinarias, pero su éxito dependerá, en última instancia, de que tomemos conciencia acerca de nuestras posibilidades y trabajemos estratégicamente para acceder al mayor porcentaje posible de ese formidable mercado.
¿Cuántos de estos turistas podrían visitar nuestro país, y más precisamente Bariloche y las localidades turísticas ubicadas dentro del enclave que conforma la zona Andino-Patagónica?
Obviamente, muchos si somos capaces de generar las condiciones competitivas de infraestructura y de servicios para recibirlos. 

El principal actor en este sentido debe ser el Gobierno Nacional que no sólo debe darle a la actividad turística la trascendencia que tiene, sino también tomarla definitivamente  como una de sus políticas de estado prioritaria, como reza la Ley Nacional de Turismo, pues, su importancia excede la capacidad de las administraciones municipales y provinciales.
    
Hace falta planificar bien porque, en su defecto, se planificará el fracaso. Un enésimo fracaso. Y el Plan Estratégico de Bariloche, actualmente en elaboración, fracasará si, como ciudad turística global que es, su concepción, contenido, implementación y monitoreo posterior no resultan ser, en último término, el resultado de una labor común entre la Nación, la provincia de Río Negro, el Municipio local y el sector privado, expresada formalmente en un equipo de trabajo pluridisciplinario permanente. Como política de estado. Con el mismo empeño puesto en la explotación energética de Vaca Muerta. Convocando a capitales nacionales y globales.

A Bariloche le hace falta crecer sin demora. El desarrollo en sentido amplio vendrá luego con el Plan Estratégico referido. Ello, incluso a costa de cometer algunos errores, porque éstos podrán ser corregidos con el tiempo por el Plan Estratégico, pero la desocupación y la falta de empleo no pueden esperar. Es imperioso, entonces, dinamizar su crecimiento. Insisto, es mejor cometer errores que asegurar el éxito de un inmovilismo que solo beneficia a quienes viven del rentismo y no ven un horizonte común más allá del propio.

Cabe observar que la ordenanza que crea la normativa y el equipo pluridisciplinario para la elaboración del Plan Estratégico de Bariloche y la Región, es una iniciativa local, sin la participación de la Nación y la Provincia y, extrañamente, sin considerar al turismo y a su desarrollo como una variable condicionante.

Creemos firmemente que esa orientación, más allá de la buena voluntad puesta en la iniciativa por todos los involucrados, es equivocada y que si no se corrige a tiempo mediante una convocatoria ampliada, los esfuerzos que se pondrán en la elaboración del Plan resultarán, en el mejor de los casos, inconsistentes. Lo contrario sería seguir planificando un partido de futbol que nunca se jugará.

Entre las decisiones urgentes  que, indicativamente, deberían considerarse para posibilitarle despegar a la ciudad turística, señalamos: Facilitación de la inversión directa, con estímulos persuasivos y disuasivos (ej. San Luis). Puesta en funcionamiento del Polo Tecnológico. Esto es determinante porque la capacidad técnica, profesional y humana que tiene nuestra ciudad es diferenciadora a la hora de disponer de trabajadores para actividades distintas a las turísticas. Hacer del Centro Cívico un espacio multifuncional y multiuso, pues no es muy creativo que allí funcionen dependencias del Municipio y una comisaría. Demolición planificada (mediano plazo) del Bariloche Center, previa expropiación fundada en el interés urbanístico y general. Modernización de la red ferroviaria que, además de la conexión con Buenos Aires, facilite particularmente el desplazamiento de los habitantes  del Valle a la Comarca Andina, y viceversa, para potenciar las sinergias que producirán el impacto económico (su derrame) de Vaca Muerta y la oferta turística de la Región de los Lagos; Proponer y liderar una organización con las ciudades de la Región, inspirada en la iniciativa denominada Mercociudades, para impulsar y articular el turismo receptivo, el alternativo, los servicios de soporte y las acciones comunes con la Nación y las provincias respectivas; Peatonalización o acondicionamiento de la calle Mitre, focalizados al turista; Facilitación para la Radicación de hoteles 5 o más estrellas, de cadenas internacionales, que no competirán con la oferta hotelera local; iluminación de la ruta desde el aeropuerto al centro, y colocación de un cartel de bienvenida y caseta para guías turísticas en la rotonda de acceso, con resoluciones arquitectónicas creativas y de calidad.

En otros términos y sin pérdida de tiempo, todos los esfuerzos deben contribuir a repensar Bariloche, privilegiar la acogida y atención al turista y convertir en inolvidable la experiencia vivida en la Región y en nuestra ciudad. Porque, así como un hermoso paisaje observado en algún agradable viaje queda grabado en nuestras retinas, de la misma manera un agradable y bien organizado espacio físico para su atención le quedará grabado al turista, nuestro cliente clave. Hoy, el turista sale deslumbrado por el paisaje, no por nuestra logística, nuestros caminos o nuestros servicios. Solo el esfuerzo individual/económico y no planificado de empresarios y particulares nos permite sobrellevar el estado deplorable para transitar nuestras bellezas. La belleza seguirá ahí. Pero como en la vida misma, no alcanzará si no la dotamos de la inteligencia para que un lindo viaje no se agote en una postal que no se puede ver por un corte de luz.

Nuestra sociedad y nuestras autoridades políticas deben comprender que debemos dar ese salto de calidad y olvidarnos del pueblo que fue para construir la ciudad que soñamos que sea. 

Domingo N. G. Di Tullio
(DNI 93.740.564)
www.domingoditullio.com.ar
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